El don más precioso que la Iglesia puede ofrecer al mundo de hoy, desorientado e inquieto, es formar cristianos firmes en lo esencial y humildemente felices en su fe.  
Tenemos necesidad de una catequesis que enseñe a los niños, jóvenes y adultos de nuestra generación a permanecer lúcidos y coherentes en su fe, a fortalecer serenamente su identidad cristiana y católica, a «Ver lo invisible» (Heb.11, 27) y a adherirse de tal manera al absoluto de Dios que puedan dar testimonio de él, como Camino, Verdad y Vida en una civilización materialista que lo niega.

Los cristianos de hoy deben ser formados para vivir en un mundo:
• Que ampliamente ignora a Dios
• Que, en materia religiosa, cae muy a menudo en un indiferentismo nivelador o se queda en una actitud de menosprecio.

Es en este mundo que nos toca hoy, donde la catequesis debe ayudar a los cristianos a ser, para su gozo y para el servicio de todos, «Luz y Sal» (Mt.5, 13-16). Ello exige que la catequesis les dé firmeza en su propia identidad y que se sobrepongan sin cesar a las vacilaciones, incertidumbres y desazones del ambiente.
Diócesis de San Luis